¿Te ha pasado que una comida sabe increíble un día y horrible al siguiente? ¡No es la receta, eres tú! La ciencia confirma que el sabor cambia según tu estado de ánimo y atención.
Si estás estresado o viendo el celular, tu cerebro apaga las papilas gustativas para que comas menos. Moraleja: ¡Deja el drama y el teléfono! Si quieres que la pizza sepa a pizza de verdad, ¡tienes que ser feliz!

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